miércoles, 28 de abril de 2010

A la mitad.

El último dato respecto de la expectativa de vida al nacer para los hombres en México, indica que en promedio viviremos 72.9 años. La mitad es 36.45, que en formato calendario equivale a 36 años y (un poco menos de) 6 meses.

La mitad de mi vida (más bien de mi expectativa de vida) está a unos meses de distancia. Ese número sólo es una estadística y por lo tanto es inexacto, además de que en el último calculador de “edad del cuerpo” que me llegó por correo electrónico, obtuve un resultado de 29 años; 7 años menos de mi edad cronológica (¿tal vez no debería escribir esto aun?); sin embargo, creo que es buen momento para hacer un pequeño alto y reflexionar.

He tenido una buena vida. Amo y soy amado. He sido feliz, a veces muy feliz. He comido, cocinado, bebido, bailado, viajado, leído, estudiado (poquito, pero ha resultado redituable), manejado por hermosas carreteras; he volado en avión, en hidroplano, en ultraligero y en globo, he saltado en una tirolesa de 600 metros de longitud y entre las nubes; he apreciado la naturaleza, los glaciares, los desiertos, los bosques, el mar. Me han revolcado enormes olas y he encendido fuegos sin usar nada más que un cerillo (¿se dice fácil no?). He probado el vino en los viñedos y platicado con sus creadores. He comido en grandes restaurantes y he comido con campesinos y albañiles; unos y otros han sido magníficos.

He trabajado de forma honesta en un país y en un medio en el que muchos piensan que soy un tonto por no aprovecharme. Me he dado cuenta que la conciencia es más valiosa que el dinero y el poder. He denunciado a corruptos y he esperado en vano.

He apoyado de forma gratuita y desinteresada a algunas personas en grave estado de necesidad, y he convencido a algunos más de apoyar estas causas.

He hecho grandes amigos, muchos de los cuales ni siquiera conozco en persona. He aprendido a apreciar a personas que antes no me simpatizaban, y en ellas he descubierto gran riqueza. En la misma medida, me he alejado de algunas personas que han dejado de ser compatibles con mi forma de pensar respecto de algunas cuestiones que para mí son importantes.

He conocido a Dios y lo considero mi amigo. Me he alejado de los que dicen representarlo, pues no puedo admitir sus actos y sus encubrimientos.

He descubierto que correr es una actividad que me satisface y me engrandece, pues corriendo me he dado cuenta que paso a paso se puede llegar a cualquier lugar, sin importar lo difícil de la ruta. Ese engrandecimiento ha sido mucho más mental que físico.

He formado una familia y nada me hace más feliz que eso.

Vi nacer a mi hija, y ese fue el momento más grande de mi vida.

Sé que lo mejor está por venir.

Camilo Argüelles.